Estímulo:
Son muchos los aspectos de esta espléndida narración de Kipling que enganchan al lector que sea capaz de adentrarse reposada y plácidamente (con tiempo por delante) en la lectura de sus páginas. Mencionaré sólo dos.
En primer lugar, el ambiente de franca camaradería que reina entre todos los miembros de la tripulación; la confianza mutua, la fe ciega en el líder/patrón (por su ecuanimidad, por sus dotes de mando, por su probado “olfato” para descubrir la pesca), el alto sentido de responsabilidad que demuestran todos ellos en el desempeño de las tareas que tienen encomendadas, de limpieza, de vigilancia, etc., y de las que depende incluso la supervivencia; la abnegación, la generosidad con la que se ayudan sin esperar nada a cambio, todo coadyuva a que nos reconciliemos con lo mejor del ser humano que muchos de nosotros probablemente llevamos dentro, pero que tan raramente aflora en el trato cotidiano con nuestros semejantes.
En segundo término la poesía que encierra la narración en todo lo que concierne al mar. Un profundo aliento poético recorre sus magníficas descripciones; el mar resulta claramente mitificado, en el misterio profundo de su inmensidad, en la serenidad de los días de calma, en la virulencia del temporal, en la belleza de sus criaturas o en la relación casi humana que mantiene con los navíos que lo surcan.