Aspectos formales:
Se trata de un libro de escasas 150 páginas, de lenguaje sencillo, con frases cortas (y cortantes a veces). La prosa de Camus, nunca barroca ni pretenciosa, es aquí especialmente desnuda y transparente, desasosegante. Renuncia al adjetivo inútil y al artificio. El libro está contado en primera persona, por un Meursault que no habla de más, que casi no piensa, que narra con la frialdad del que hace un inventario, sin pasión, como si fuese la vida de otro y no tuviese el menor interés. En este sentido, la lectura es sencilla, al alcance de todos. Incluso se recomienda a los estudiantes de francés, que tienen aquí literatura con mayúsculas, que pueden leer en versión íntegra, sin adaptaciones que también son mutilaciones. También es recomendable para todos aquellos que creen que la literatura es una farragosa concatenación de figuras retóricas que sólo está al alcance de unos pocos. Por último, quienes sean aficionados a escribir encontrarán un modelo de belleza sin afectación, una lección de cómo se puede a la vez escribir muy bien y muy sencillamente.
Otra cuestión es la de su contenido. El lector que llegue al final tendrá la sensación de que le han hablado de los grandes problemas del ser humano. Y sabrá que el libro es un grito que solicita el sentido frente al relativismo: no todo es equivalente. Camus pide superar el nihilismo.