Introducción

“Más que nunca creo que a cierta edad se hace imperioso releer los libros de la niñez y la juventud. De lo contrario podríamos marcharnos a la tumba sin saber quiénes somos ni por qué hemos vivido”.

Henry Miller: Los libros en mi vida

El gusto por la lectura no se adquiere -o no únicamente- leyendo bajo el efecto de la necesidad o de la obligación; la lectura sólo puede ser fuente de satisfacción cuando ha sido fuente de descubrimientos, y de descubrimientos espontáneos. Naturalmente, existen una serie de libros que hay que leer y estudiar, como lo hacemos con el sistema periódico de los elementos, los sistemas de ecuaciones o las conquistas napoleónicas, pero leer placenteramente es algo más, mucho más.

La mayor preocupación, por tanto, de quienes enseñamos a leer a los niños, o de quienes les impartimos clase cuando ya han adquirido esa habilidad instrumental básica, debería consistir en hacer que el placer dure y que la demanda persista mucho más allá del tiempo que exige el aprendizaje, más allá incluso del periodo de escolarización.

Por eso hay que redoblar los esfuerzos para despertar en el alumno la motivación por leer, el placer por la lectura como actividad individual, el hábito del goce autónomo de la lectura, que una vez desarrollado, como los hábitos de higiene o los de una alimentación saludable, funcionan en nosotros a modo de una segunda naturaleza. Es éste justamente el objetivo: que se torne superflua la interrogación acerca del por qué y para qué leer; que sea tan absurdo preguntar eso como preguntar por qué y para qué respirar.

En el contexto del Plan de Fomento y Animación a Lectura que se viene desarrollando en el Instituto, un grupo de profesores de distintas asignaturas hemos formado un Seminario o Grupo de Trabajo para reflexionar sobre el mejor modo de conseguir este objetivo. Sin obviar nuestra condición de profesores, a lo largo de sucesivas sesiones hemos mirado lo que tenemos más a mano: nuestra propia experiencia lectora, y hemos intentado recuperar, en la medida de lo posible, las condiciones en las que vinimos a desarrollar ese hábito lector, en las que vinimos a ser, en palabras de Félix de Azúa, "lectores compulsivos".

Y todos hemos venido a coincidir en que los libros de los que tenemos memoria viva, aquellos que marcaron esos años de formación, los que colmaron nuestra avidez por descubrir el mundo más allá de la monótona y cruda realidad cotidiana, de la rutina de las clases y de los exámenes, de las lecturas "obligatorias", nos llegaron por recomendaciones de compañeros, o por descubrimiento, a veces fortuito, guiados por la sugerencia de un título, o por la fama de un autor, o por la aureola de misterio o el sabor a fruta prohibida de algunos pasajes, que precisamente por eso, por la prohibición que pesaba sobre ellos, nos hacía la lectura más apetecible. Porque la lectura se constituyó en un acto supremo de rebeldía y de afirmación de nuestra personalidad. Si la prohibición fuera suficiente estímulo para leer no dudaríamos en llamar a este trabajo 25 libros que está prohibido leer…

Reproducir esas condiciones, desde nuestro estatus de profesores o padres, resulta imposible. Por eso nos hemos limitado a hacer una selección personal, un inventario abierto de títulos que han sido significativos para nosotros en algún momento de nuestras vidas, renunciando a cánones, a autores consagrados -aunque, obviamente, la lista incorpora títulos y autores de reconocido prestigio- y ponerlo a disposición de nuestros alumnos para que sean ellos los que partiendo de sus gustos o preferencias inicien el camino. Y lo continúen. Esta lista no es un inventario de los mejores libros de la historia de la literatura o los 25 libros que un joven no puede dejar de leer. Es subjetiva, sí, deliberada y apasionadamente subjetiva.

Hay quien dice que "el lector nace, no se hace",y es verdad que el gusto por la lectura obedece en buena medida a una cierta actitud tal vez innata, vocacional, igual que el gusto por la música o por la naturaleza. Pero no es menos cierto, según nuestra experiencia, que determinados estímulos, suministrados a tiempo, pueden orientar nuestros gustos o actitudes, abrir nuevas perspectivas; por eso no debemos cejar en el empeño de brindar nuestra colaboración a los neófitos en forma del ofrecimiento desinteresado de una modesta vía de acceso al inmenso abanico de posibilidades de disfrute y aprendizaje práctico que ofrece el mundo de los libros.

Siguiendo esta metodología, si por metodología puede entenderse esta aproximación errática, dispersa, libérrima al universo de los libros, hemos consensuado un primer listado de obras, 25, de las que proporcionamos unas mínimas referencias en forma de fichas sistemáticas, para que el uso de el material resulte más asequible a los alumnos, padres o a otros compañeros que quieran servirse de nuestras sugerencias. En cada una de esas fichas, en el apartado "enlaces" se proporcionan otros títulos de obras del mismo autor o autora y otras del mismo género o subgénero (aventuras, ciencia ficción, terror, etc.) o relacionadas por su estilo o temática, hasta un total que llega hasta los 100 títulos. Un número total de referencias nada desdeñable para constituirse en plataforma a partir de la cual iniciar una carrera de lectores. En determinadas ocasiones se incluye alguna película basada o relacionada con esos libros.

Además de los datos bibliográficos del libro en cuestión y de los "enlaces" o vínculos con otras obras relacionadas, las fichas

-Una primera aproximación a la obra en forma de resumen del contenido y una sucinta valoración de la misma.

-Bajo el epígrafe de estímulo figura, de forma más o menos explícita, aquello que constituye el principal acicate para su lectura; aquellos elementos de contenido o de forma que viene a constituir la razón última de la poderosa atracción que ese texto ejerce sobre nosotros y que nos arrastra a su lectura.

-El epígrafe aspectos formales incluye una valoración breve de cuestiones relacionadas con la estructura y el lenguaje de la obra; su extensión o su grado de dificultad así como el género al que pertenece.

-Luego sigue una indicación de edades y/o niveles de estudios para los que la obra está recomendada; recomendación, por cierto, que debe de tomarse con todas las reservas, pues ya sabemos que hay tantos lectores como personas, y cada uno, independientemente de la edad y en función de su grado de desarrollo personal y de sus gustos puede leer casi cualquier cosa.

-Para terminar encontraréis un enunciado telegráfico de temas y valores implicados.

Respecto a los contenidos y tipología de las obras, la selección es muy variada. Incluye obras de temática muy diversa y pertenecientes a los géneros y subgéneros más comunes. Básicamente hay libros de narrativa, porque pensamos que son los más accesibles en las primeras etapas, pero también hay obras dramáticas, ensayo, incluso una breve antología poética con una selección de algunos de nuestros poetas preferidos.

Hemos realizado el agrupamiento de nuestra oferta de lecturas ateniéndonos a los ámbitos de contenidos que satisfacen las necesidades inherentes a cada una de las tres "fases de lectura" que han establecido los teóricos de la psicopedagogía; tres menús diferentes que corresponden con etapas del desarrollo de los estudiantes, su nivel de maduración y sus demandas, aunque obviamente, la decisión última de por dónde empezar la tiene que tomar el interesado.

He aquí, a título indicativo, cuales son esas tres fases o etapas:

Primera fase:

Edad de los relatos de aventuras, el realismo aventurero o la fase psicológica de las lecturas sensacionalistas (de los doce a los catorce años). También, historias familiares, sin grandes pretensiones, un tipo de literatura “mimética” (según la denominación de los “técnicos”) que desarrolla temas de la vida cotidiana: relaciones familiares, ausencia de los padres, o su muerte, por ejemplo; rivalidad con los padres o hermanos, divorcio y otros conflictos familiares; relaciones amorosas, etc., temas, en suma, que favorecen la interiorización de conflictos habituales de la adolescencia o preadolescencia.

Segunda fase:

Los años de maduración o fase estético-literaria del desarrollo del lector (de los catorce a los diecisiete años). Lecturas que interesan: aventuras de mayor contenido intelectual, libros de viajes más serios, novelas históricas, biografías, relatos amorosos, literatura comprometida, relatos iniciáticos, u obras que plantean una integración positiva del ser humano con la naturaleza; cuentos mitos o leyendas de diversas culturas (del extremo oriente, nórdicas, árabes), contribuyen a la comprensión de similitudes y diferencias entre unas y otras formas de explicar los misterios de la existencia

Tercera fase:

Los años de plenitud, de recoger los frutos maduros y disfrutarlos; es la fase en que el lector se ha hecho incondicional de la letra impresa, adicto. A partir de las edades indicadas, incluso antes en algún caso excepcional, el lector se hace casi dependiente de la letra impresa. No encaja en ese perfil de lector esporádico, veraniego, de novedades o best-seller. Necesita leer, y a menudo lo hace desordenadamente, en todas partes, a salto de mata y compulsivamente. Otras veces es sistemático, ordenado y metódico: lee lo que quiere, con rigor, criterio e intensidad. Por último, hay algún caso de verdadera dependencia: necesita su dosis de celulosa, de negro sobre blanco. Lo que tienen todos en común es que para ellos leer es natural, lo natural, algo, como se decía antes, tan natural como respirar, comer o abrir los ojos. La vida puede concebirse sin leer, pero no será la misma vida, tan vez ni siquiera la consideren vida más que en el sentido biológico de la palabra.

Finalmente, el trabajo se completa con unos índices bibliográficos.

Queremos dar las gracias a Eva Otobalea, alumna de 1º de Bachillerato, que ha elaborado la ficha de Marina, y a la profesora de Cultura Clásica Elisa Llorente, que se ocupó de las Metamorfosis.

LOS AUTORES:

Enrique Cejudo (Dpto. de Filosofía) José Manuel de las Heras (Dpto. de Lengua Castellana y Literatura) Ana Mª Martín (Dpto. de Francés) Paloma Rodríguez (Dpto. de Matemátricas) Celia Rollón (Dpto. de Electrónica)